Cabe considerar la cultura no tanto como imposición o hegemonio ideológica rígida o inamobible sino como reflexión permanente de la experiencia como encuentro con la realidad, entendiendo así la ideología como encuentro con la praxis. La cultura por tanto como resultado del "actuar" y la reflexión que ese actuar lleva consigo.
La cultura nos prepara para lo que no sabemos y en ese sentido "es" lo que no sabemos, y así, por ejemplo, la revolución "es" un "lo que todavía no es".
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