Toda palabra acarrea con ella su historia semántica y por lo tanto las tensiones de las que esta siendo objeto. La tensión entre el significadoya existente y el que en ese instante histórico está teniendo lugar. (La palabra libertad por ejemplo antes y después de que callese en manos de la extrema derecha) Y así,, cuando en una novela aparece la palabra amor, su situación narrativa - y la narrares eso: situar las palabras en una determinada "situación" social- debería incluir esa tensión. Pues si no podríamos decir que el lenguaje de la novela es plano, dado, fosílizado. Esa tensión se produce en la palabra (en su exterior y en su interior), pero puede o debe encontrrase también en cualquiera de las otras "unidades narrativas" como en una descripción, un diálogo, un monólogo o una reflexión en estilo indirecto libre, pues dentro del espacio narrativo sin duda coexisten distintos "momentos semanticos" (aquellos con especial valor para "la significación" o sentido de lo que se está narrando). Porque al fin y al cabo la semántica está viva no solo en el espacio de la narración o la literatura - lo que sería puro formalismo estético- sino en la vida social y personal, por ejemplo: durante una entrevista de trabajo que constituye sin duda uno de esos "momentos" en la significación de todas y cada una de las palabras de la conversación (o interrogatorio) están en juego, al menos para el entrevistado.
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