viernes, 3 de junio de 2016

Líneas de batalla cultural: uno.



El Partido Comunista como Frente cultural (I)


Aprendamos a habitar/ las líneas de batalla. Juako Escaso. Mañana sin amo.

Durante el transcurso de la primera fase del XX Congreso del PCE han surgido elementos que confirman que se está produciendo en el interior de esta organización una fuerte voluntad de volver a ser un partido comunista que se sienta heredero de los hechos e ideas con que durante años y años se construyó, con aciertos y errores, con logros y derrotas, buena parte de la memorable historia del proletariado español en su combate hacia la emancipación social. De volver a ese Partido Comunista de España, el PCE, capaz tanto de hacerse oír con voz alta y sin rodeos – Viva la lucha de la clase obrera– como de llenar de significados operativos y claros su propia identidad y autodescripción: “Somos los trabajadores y trabajadoras los que sufren las alambradas en la frontera huyendo de las guerras inventadas por el Capital para conseguir más beneficios” que así, sin ambigüedades ni retóricas vacías o flotantes, daba comienzo el Manifiesto del PCE de cara al último 1º de Mayo.

llevamos/ dormida en nuestra mano/ la fuerza de otras manos. J.E.

Cada uno o una de nosotras y nosotros, los comunistas, encontraremos en las distintas tesis aprobadas en ese Congreso algún enunciado que nos parezca especialmente relevante. Valga detenerse por ejemplo en esa breve pero explícita y contundente afirmación que aparece en la Tesis 18 y que, sin aspavientos pero sin flaquezas, nos define “como un partido marxista, revolucionario y de clase”. Marxista , es decir, que entiende que la emancipación pasa, de manera necesaria aunque no suficiente, por la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Revolucionario, es decir, consciente de que ese objetivo no se alcanzará sin luchar contra la resistencia y violencia de la clase que tiene que ser desposeída. De clase, porque considera que el núcleo duro de esa ofensiva y resistencia se encuentra en la fuerza y voluntad de la clase que soporta y padece de manera más directa las consecuencias directas –las plusvalías- e indirectas – la alienación- de la explotación y robo de su fuerza de trabajo.

la lobotomía consumista/ y la firme voluntad/ de esposarnos al grillete/ del mercado global. J.E.

Marxista, revolucionario y de clase. Todo un significante. De hecho, y aunque no se exprese de modo explícito, nuestro PCE abandona categorías pertenecientes a lo que se llamó el eurocomunismo y de manera discreta, prudente y con la lección histórica bien aprendida, parece recuperar ciertos entendimientos propios de las concepciones leninistas sobre la relación del partido con una clase trabajadora que da sentido a nuestra existencia y vida como partido comunista. Entiendo al respecto que en la tesis ya citada esta voluntad se hace manifiesta al señalar la necesidad de intervenir en la conformación de la autoconciencia de la clase: “la sociedad está dividida en clases, que agrupan objetivamente a individuos en función de su situación con respecto al proceso productivo. A día de hoy, esa agrupación objetiva dista mucho de ser percibida subjetivamente por parte de sus integrantes, especialmente en el caso de la clase trabajadora” para, a continuación, otorgar al partido la responsabilidad de intervenir en la tarea de toma de conciencia de clase absolutamente necesaria para poder llevar a cabo las propuestas de revolución: “La comprensión de que las convicciones y la voluntad a que nos referimos precisan de la organización de quienes las compartimos, es decir de un partido para alcanzar eficacia y adquirir incidencia real en la lucha de clases, contribuir a alterar la actual hegemonía ideológica y convertirse en un factor útil, orientando alianzas sociales y políticas y participando en la articulación del sujeto revolucionario mediante la configuración de un bloque social alternativo y antagonista”. Un partido que renunciando sin duda a discutibles planteamientos del pasado y después de evaluar las transformaciones presentes en las sociedades actuales, ya no se presenta como partido de vanguardia, renuncia al a priori papel de dirigente para ofrecerse como instancia política e instrumento de orientación, articulación y configuración del bloque social que ha de llevar a buen fin el proyecto de la emancipación final y definitiva de la clase obrera.

Demasiados engaños a precios/asequibles. J. E.

Para llevar a cabo esas tareas encaminadas a romper y dar la vuelta a una situación como la actual, caracterizada por “la escasa extensión de la conciencia de clase entre la clase trabajadora, al dificultar en extremo y disminuir a día de hoy la participación activa de ésta como actor en la lucha de clases, la sitúa mayoritariamente en una posición pasiva y subalterna, presa de la hegemonía ideológica de las clases poseedoras que actualmente llevan la iniciativa”, el partido claramente ha tomado la acertada decisión de intensificar las contradicciones y conflictos entre capital y trabajo retomando como eje la militancia activa en todo centro de trabajo y de manera relevante en el espacio sindical al tiempo que asume la necesidad de incorporar vectores de revolución como el ecologismo y la lucha contra la dominación patriarcal. Ahora bien, hay que entender y asumir que esas tareas difícilmente serán alcanzadas si no se replantean con urgencia las políticas a desarrollar en campos tan relevantes como la cultura y la comunicación. Espacios que indudablemente requieren ser abordados para su análisis con mayor espacio que el de un artículo de opinión. De cultura, de la necesidad de organizarse como frente cultural, parece oportuno iniciar el apunte al menos de algunos trazos.

Quizá deberíamos comenzar/ por sentarnos cara a cara/ unos minutos en silencio. J.E.

Por desgracia dentro de nuestro partido ha venido siendo bastante usual identificar el frente cultural con la recopilación de una nómina de famas, famosillos y renombres dispuestos a colaborar en plan “los abajo firmantes” en los manifiestos oportunos, o con la gestación de una agenda de cantantes, escritores y escritoras, que, amen de otros profesionales de las distintas artes, por adhesión o simpatía estén disponibles para dar brillo en los actos y festejos que el partido les proponga. Sin olvidar las justas generosidades por tales participaciones, parece que este sería un buen momento para proponer un frente cultural más apropiado para el objetivo que la cultura debería desempeñar: la conquista de la hegemonía que el camino hacia la revolución demanda.

Agraviemos la verdad/ legislada. J.E.

Por cultura cabe entender ese conjunto de referentes comunes que en el espacio de las relaciones sociales sirven para identificar valores que se comparten. La cultura como un relato común, como una subjetividad compartida que construye identidad y solidaridad y produce imaginación y deseo. La cultura como espejo y horizonte. La cultura como producción de lo común, como poética, como poiesis (producción) colectiva. Construir cultura comunista es asaltar, sabotear, desenmascarar y cuestionar los centros de producción de necesidades que hoy monopoliza un capitalismo sin complejos que ha impuesto su modelo cultural basado en el “yo soy lo que consumo”, “la mejor explotación empieza por uno mismo” y “el arte como la confirmación simbólica y mercantil del mérito individual”. Construir cultura comunista hoy es irrumpir, romper e interrumpir el relato dominante que una y otra vez no cesa de repetir que el comunismo como experiencia real acaba en desastre económico, en dictadura política y que fuera del capitalismo no hay salvación. Frente a esto, la cultura como producción de lo común y la cultura como combate contra la cultura del narcisismo, del yo, del capitalismo. En esos dos frentes hay que establecer la batalla y por tanto la estrategia y la táctica necesarias y convenientes. Porque por ahí pasa también la lucha de clases.

Editado en Mundo Obrero Mayo 2016.

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