miércoles, 26 de diciembre de 2018

Sísifo y la lotería

Sísifo y la Lotería

Cada decepción, si puede llamarse decepción a lo que realmente se vivía como incredulidad, no daba lugar una perdida de fe o confianza sino, muy al contrario a reforzar un convencimiento íntimo de que si bien en esa ocasión no hubiera sido agraciado se trataba de algo inexplicable y que lo azaroso residía en ese no tocar mientras que su contrario era lo que tendría que haber sido. Que le iba a tocar la lotería era algo que se le presentaba como inevitable, obvio, normal, dado. En su cabeza con frecuencia la naturaleza ilusa de esa fantasía se abría camino pero en su interior, en su entraña más real, aquel convencimiento no actuaba como una fantasía sino como un hecho material, inherente a su existencia, y sobre el que lo máximo que se mostraba dispuesto a aceptar era su retraso: si no ha sido, será y esta lógica con el paso del tiempo y las decepciones no había hecho sino crecer y arraigar. Tal era la solidez de su creencia que a veces la decepción devenía en fortuna elucubrando que menos mal que esta vez, dada lo escasa cuantía del premio, no le hubiera tocado permitiendo así que su cumplimiento tuviera lugar cuando la cantidad en juego la cantidad fuera manifiestamente superior.

3 comentarios:

  1. Convertir el azar en lo acostumbrado e incluso en lo inevitable es la defensa del hombre contra la fugacidad de su existencia.

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  2. No encuentro otro medio de ponerme en contacto con C. B., leí el comentario en la noticia de la muerte de Sergio B. Landrove.

    Si quieres leer el ensayo "No ventre da matriosca" puede ponerse en contacto en el correo blandrove(arroba)gmail(punto)com.

    Gracias.

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